Una conversación en Barranquilla abrió el camino hacia el quinto viaje de la Ruta del Chip. Durante aquella visita, en búsqueda de referencias que pudieran aportar a su construcción, la Agencia Nacional de Atracción de Inversión Extranjera Directa ― ProGuatemala estableció contacto con el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE), que impulsaba la agenda para el desarrollo de la industria de semiconductores en Colombia. Meses después, ese acercamiento nos llevó al IEEE Latin American & the Caribbean Semiconductor Summit (LACSS), en Bogotá.
Llegamos a esa conversación con un proceso propio en marcha. ProGuatemala presentó la Estrategia Nacional de Atracción de Inversión Extranjera Directa y la Ruta del Chip en el panel de perspectivas gubernamentales sobre innovación y semiconductores, junto con representantes de México, Brasil, Panamá, República Dominicana y Ecuador, lo que nos permitió contrastar caminos.
Algunos países han avanzado mediante hojas de ruta nacionales, programas públicos de capacitación y mecanismos de articulación institucional. Otros exploran capacidades en diseño, desarrollo de hardware, minerales y diferentes actividades de la cadena de valor. Las diferencias mostraron que la participación regional no depende de reproducir una industria completa dentro de cada país.
Entendimos que un país puede desarrollar capacidades en determinadas fases y complementarlas con las de otras economías. También que la diversidad latinoamericana abre posibilidades para construir relaciones alrededor de talento, innovación, inversión y cadenas de suministro, además de abrir una importante posibilidad, la construcción de una propuesta de valor regional latinoamericana para una participación más amplia en la industria
Vimos algunas de esas conexiones funcionando en la práctica. El programa Synopsys Academic & Research Alliances (SARA) trabaja con cerca de 40 universidades de América Latina y desde 2008 desarrolla campamentos y academias de diseño de circuitos integrados. Su alcance nos permitió observar cómo la formación especializada puede construirse a través de redes que conectan universidades y capacidades de distintos países.
Nos encontramos con que, a medida que nos acercamos a actividades de mayor especialización, cambian las condiciones necesarias para atraerlas. El diseño y el desarrollo de tecnología requieren capacidades técnicas, pero también marcos que protejan la propiedad intelectual y generen confianza para las empresas que trabajan con diseños, tecnologías y conocimiento especializado.
El intercambio en Bogotá nos permitió observar la Ruta del Chip desde una escala regional. Encontramos países con capacidades, prioridades y avances distintos, pero también posibilidades de complementariedad. En una cadena de valor distribuida entre múltiples territorios, identificar un espacio para Guatemala implica comprender qué podemos desarrollar desde nuestras propias condiciones y cómo esas capacidades pueden conectarse con las que ya existen en la región.